jueves, 11 de junio de 2015

LA REVOLUCIÓN DE VALLE



LA REVOLUCIÓN DE VALLE
Habían transcurrido 9 meses de la “Revolución Libertadora”, que derrocara a Juan Domingo Perón en septiembre de 1955. En la noche del 9 de junio de 1956 el general Juan José Valle encabezó un levantamiento militar con focos aislados en Buenos Aires, La Plata y La Pampa, contra el gobierno del general Pedro Eugenio Aramburu, quien había asumido el gobierno de facto el 13 de noviembre de 1955. Durante su gobierno se intervino la CGT, se persiguió a la clase dirigente peronista y hasta se prohibió todo tipo de mención de términos o frases vinculadas al peronismo.
Rodolfo Walsh, en Operación Masacre, relata que la proclama firmada por los generales Valle y Tanco fun­daba el alzamiento en una descripción exacta del estado de cosas. El país, afirmaba, “vive una cruda y despiadada tira­nía”; se persigue, se encarcela, se confina; se excluye de la vida cívica “a la fuerza mayoritaria”; se incurre en “la mons­truosidad totalitaria” del decreto 4161 (que prohibía siquiera mencionar a Perón); se ha abolido la Constitución para liqui­dar el artículo 40 que impedía “la entrega al capitalismo in­ternacional de los servicios públicos y las riquezas natura­les”; se pretende someter por hambre a los obreros a la “voluntad del capitalismo” y “retrotraer el país al más crudo coloniaje, mediante la entrega al capitalismo internacional de los resortes fundamentales de su economía”.
Dicho en 1956, esto era no sólo exacto: era profético. Proponía un retorno crítico al peronismo y a Perón a través de medios transparentes: elec­ciones en un plazo no mayor de 180 días, con participación de todos los partidos.
La historia del levantamiento es corta. Entre el comienzo de las operaciones y la reducción del último foco revolucio­nario transcurren menos de doce horas. La represión fue fulminante. Dieciocho civiles y dos militares fueron sometidos a juicio sumario en la Unidad Regional de Lanús. Seis de ellos serán fusilados: Irigoyen, el capitán Costa­les, Dante Lugo, Osvaldo Albedro y los hermanos Clemente y Norberto Ros. Dirige este procedimiento el subjefe de Poli­cía de la provincia, capitán de corbeta aviador naval Salvador Ambroggio.
Los tiros de gracia corren por cuenta del inspec­tor mayor Daniel Juárez. Con fines intimidatorios, el gobierno anunció esa madrugada los fusilamientos.
A las 24 horas del 9 de junio de 1956  no rige la ley marcial en ningún punto del territorio de la Nación. Pero ya ha sido aplicada. Y se aplicará luego a hombres capturados antes de su imperio, y sin que exista la excusa de haberlos sorprendido con las armas en la mano.
El intento de restaurar la democracia concluyó al cabo de unas pocas horas. Tres días más tarde, el 12 de junio de 1956 el general Juan José Valle, líder del frustrado levantamiento cívico-militar, fue fusilado en la antigua penitenciaría de la calle Las Heras por orden de Aramburu. La represión costó la vida de más de 27 civiles y militares, algunos de ellos en fusilamientos clandestinos realizados en José León Suárez, antes de la orden de ley marcial. Por este acto se ha denominado a aquel régimen militar La Fusiladora.
Valle actuó y entregó su vida, y eso es mu­cho más que cualquier palabra. La comprensión de su actitud -decía Walsh en 1957- es hoy más fácil que en su época; será más fácil aún en el futuro; su figura crecerá justicieramente en la memoria del pueblo, junto con la convicción de que el triunfo de su movi­miento hubiera ahorrado al país la vergonzosa etapa que le siguió, esa segunda década infame que vivimos.

Gerardo Roberto Martínez
Presidencia de la Plaza (Chaco); junio de 2015